Todo Me Vale

 
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Con cada luna que crece y mengua me voy dando cuenta de cuanto tiempo he empleado en querer cambiar lo que tenía ante mis ojos: personas, situaciones, emociones… y todo ello por el irrefrenable afán de quererlo mejorar, lo que en el fondo hablaba de una falta de aceptación de mi persona, de mi situación y de mis emociones.

  A medida que fui distanciándome de ese infierno mental, empecé a percibir que ante esas mismas personas, situaciones y emociones, algo en mi permanecía inmutable, puesto que su presencia no causaba estragos en mi interior y, en consecuencia, no aparecían ansias de mejorar nada.

Los motores del cambio fueron estos: 

– Querer dejar de sufrir

-Asumir la responsabilidad de mi vida

-Tomar distancia de los hechos

Ser consciente de mis actos

-Practicar la aceptación de todo tal y como es

-Descubrir quien soy

 

Si hay algún propósito en la vida, debe ser algo parecido a esto y, por ello, cada día tengo más claro que no puedo hacerlo sola, que todo aquello que se despliega a mi alrededor viene a informarme sobre como está mi interior.

Y es por ello que todo me vale porque habla de mi. 

 
 

©Fotografía: Salvador Casaseca

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